domingo, 8 de noviembre de 2026

CLIQUETTE

Vocablo francés que designa un antiguo instrumento de percusión formado por dos o más piezas planas —de madera, hueso o metal— , que al ser agitadas entre los dedos producen un sonido seco y rítmico. Su nombre lo hacen proceder del verbo onomatopéyico cliquer (“hacer clic o ruido breve”), emparentado con el alemán klingen y el inglés clink, todos ellos evocadores del sonido que producen los objetos al chocar entre sí.
Desde mediados del siglo XVI, los diccionarios franceses las describen como instrumentos de uso doble: por un lado, como señales obligatorias para los leprosos o ladres, que debían advertir su presencia en las calles; por otro, como juguetes o instrumentos rítmicos populares. En los repertorios de [Estienne, 1549] y del Trésor des trois langues (1609), aparece la voz cliquette de ladre, crepitaculum, y se menciona su equivalencia con castagnettes o castañetas, mostrando así la temprana relación entre ambos términos. En [Roulliard, 1607], describe cómo los enfermos “vagaban çà et là avec leurs cliquettes pour demander l’aulmosne”, cumpliendo una función sonora y social: la de advertir, con su seco repique, tanto su marginación como su derecho a la caridad.
Durante los siglos XVII y XVIII, los grandes diccionarios franceses —como el de Trévoux (1740 y 1752)— precisan que las cliquettes eran “instrument fait de deux os ou de deux morceaux de bois que l’on met entre les doigts, et qu’on bat les uns contre les autres, qui font du bruit pour peu qu’on y touche”. El mismo texto añade: “Les ladres étoient autrefois obligez de porter des cliquettes pour avertir les autres de ne les pas approcher”, y ofrece además un curioso paralelismo con el mundo de la danza oriental, mencionando a las “danseuses turques” que “battent mignonnement la cadence des chansons… avec une espèce de cliquette”.
A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, autores como François Sobrino y Antonio de Capmany traducen cliquettes por tarreñas, tejuelas o tablillas de San Lázaro, término este último que conserva el eco del uso entre los leprosos. [Capmany, 1805], precisa que son “especie de castañuelas de huesos o tiestos que los muchachos se meten entre los dedos y baten como castañuelas”, confirmando su continuidad como objeto musical y lúdico.
El siglo XIX consagra la evolución del término en la obra [Kastner, 1852] y en [Pontécoulant,  1861], donde las cliquettes son descritas como castañuelas primitivas, compuestas de tres o cuatro láminas móviles montadas sobre charnela, que al agitarse producían “un cliquetis plus ou moins fort”. En las ilustraciones medievales de la Danse macabre, los esqueletos aparecen agitando estas cliquettes unidas a pequeños cascabeles, lo que revela su parentesco con los crotales antiguos. Kastner observa que en los siglos XV y XVI se añadían a menudo grelos o campanillas “pour mêler leur éclat argentin aux roulements secs de l’instrument de bois”, una mezcla de brillo y sequedad que luego caracterizaría a las castañuelas españolas.
En [Gay, 1887]se ofrece una descripción ya definitiva: “La cliquette des ladres est faite de trois palettes de bois montées sur charnières de peau ou de métal… surmontée d’un grelot, elle prend place, au commencement du XVIe siècle, parmi les instruments de musique.” Con esta imagen el instrumento deja de ser mera señal de exclusión para integrarse en el universo sonoro de la danza y de la música popular.

Así, las cliquettes representan un tránsito singular: desde el objeto de advertencia del leproso medieval hasta el instrumento de ritmo y alegría que acompañó danzas campesinas, juegos infantiles y festividades. En ellas resuena la misma pulsación seca y alegre que siglos después animaría, bajo otro nombre y otro sol, el compás de las castañuelas españolas.




 

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