De la tablilla sonora al instrumento: iconografía y significado de las cliquettes y tablillas interdigitales en la Europa del tránsito medieval-renacentista
La iconografía europea de finales de la Edad Media y de los inicios del Renacimiento conserva un conjunto reducido pero muy expresivo de imágenes relacionadas con las tablillas de entrechoque y las cliquettes. Se trata de idiófonos manuales de forma sencilla, cuyo aspecto elemental contrasta con la carga simbólica y cultural que llegaron a asumir entre los siglos XV y XVI. Estas representaciones no deben entenderse como curiosidades aisladas, sino como fragmentos de una historia coherente en la que el objeto sonoro, el gesto corporal y el significado moral aparecen estrechamente vinculados.
Los ejemplos más antiguos se encuentran en el contexto de la Danza de la Muerte, en particular en el ciclo de Basilea fijado por las ediciones xilográficas de 1488 y 1492, derivadas del célebre mural del cementerio dominico. En estas imágenes, la Muerte no es una figura pasiva, sino un personaje activo que danza y se dirige a personas de todos los estamentos sociales. En la escena dedicada al médico, la Muerte sostiene unas tablillas interdigitales que, aunque no se mencionan de forma explícita en los textos, pueden identificarse con bastante seguridad por su forma y por la manera de ser empuñadas. No son instrumentos asociados a la liturgia ni a la música cortesana, sino objetos sonoros elementales, estrechamente ligados al cuerpo y al movimiento rítmico. El sonido que sugieren es seco y repetitivo, casi automático, una música implícita que no acompaña la danza, sino que la gobierna. En este contexto, las tablillas funcionan como una metáfora sonora del tiempo que se consume y del destino inevitable: la Muerte no convence ni seduce, simplemente marca el compás.
Este valor simbólico encaja plenamente con la lógica del Totentanz, donde la música aparece de manera deliberadamente ambigua, cercana a lo popular y a lo carnavalesco, y claramente separada de lo sagrado. El idiófono de entrechoque, por su carácter inmediato y corporal, resulta especialmente adecuado para expresar una música ligada a la materia y al movimiento, una especie de anti-música que no eleva ni consuela, sino que acompaña el tránsito común a todos. En este estadio, las tablillas no son todavía instrumentos musicales en sentido estricto, sino objetos rítmicos cargados de una fuerte significación moral.
Un cambio importante se produce a comienzos del siglo XVI con la publicación de Musica getutscht de Sebastian Virdung en Basilea en 1511. En esta obra, las tablillas con cascabeles aparecen por primera vez separadas de cualquier escena narrativa o alegórica y presentadas como un objeto autónomo de descripción y conocimiento. Dibujadas, nombradas y clasificadas junto a otros instrumentos considerados rústicos o secundarios, las llamadas Britschen pasan a formar parte de un discurso teórico que las reconoce como integrantes del mundo instrumental. Este paso resulta fundamental desde el punto de vista historiográfico, ya que fija una tipología reconocible y demuestra que el objeto era lo suficientemente conocido como para figurar en un tratado con intención didáctica. La incorporación explícita de cascabeles refuerza una cualidad sonora que ya existía y señala un proceso consciente de transformación del objeto rítmico en instrumento.
La iconografía francesa del siglo XVI confirma y amplía esta evolución. El grabado anónimo Le jeune homme aux cliquettes, conservado en la Bibliothèque de l’Arsenal, muestra el instrumento en manos de un joven que se presenta a sí mismo a través de su destreza rítmica. El texto rimado que acompaña la imagen, de tono humorístico y autorreferencial, sitúa las cliquettes en el ámbito de la práctica popular y performativa. En este caso, el objeto ya no funciona como símbolo moral ni como ejemplo teórico, sino como un signo de identidad social. El ejecutante se muestra orgulloso de su habilidad manual, y los cascabeles visibles en la parte superior del instrumento subrayan su condición plenamente musical. La imagen da cuenta de la circulación de estos idiófonos en contextos urbanos y festivos, alejados tanto de la alegoría moral como del discurso erudito, pero sin romper formalmente con los modelos anteriores.
La continuidad de este recorrido se hace especialmente clara en la Dance of Death de Wilhelm Werner von Zimmer, realizada hacia 1540. En este ciclo germánico, la Muerte vuelve a aparecer como figura danzante y porta unas tablillas interdigitales provistas de cascabeles claramente identificables. El instrumento, ya plenamente establecido y reconocible, se reutiliza ahora para marcar el ritmo de la danza macabra. La diferencia con los ejemplos de finales del siglo XV es significativa: ya no se trata de un simple objeto rítmico elemental, sino de un instrumento constituido que regresa al ámbito alegórico con una carga sonora reforzada. De este modo, el recorrido se cierra sin contradicciones, pasando del símbolo al instrumento y del instrumento nuevamente al símbolo.
Considerados en conjunto, estos testimonios permiten afirmar que las tablillas interdigitales y las cliquettes no son una invención tardía ni una tradición local aislada, sino un idiófono europeo de larga duración, con una notable estabilidad formal y una amplia transversalidad cultural. Su historia iconográfica muestra un desplazamiento progresivo desde el gesto rítmico corporal hacia una musicalización más definida, sin perder nunca su asociación con el movimiento, la repetición y la experiencia del tiempo. La adición de cascabeles en el siglo XVI no supone una ruptura, sino que hace más audible una función sonora que ya estaba implícita en los ejemplos medievales.
Desde una perspectiva historiográfica más amplia, estas imágenes invitan a reconsiderar el lugar de los instrumentos considerados “menores” dentro de la historia de la música. Lejos de ocupar un papel marginal, las tablillas de entrechoque participan activamente en la construcción visual y simbólica del sonido en la Europa premoderna. Ya sea en manos de la Muerte, del teórico o del músico popular, su ritmo insiste siempre en los mismos elementos fundamentales: el cuerpo en movimiento, el tiempo que avanza y la imposibilidad de escapar a su compás.
S.XVITablillas interdigitales
Two Crippled Musicians
Cornelis Massys (1508-1580)
Grabado, 57 x 43 mm. col. ETH Zurich

