La señal constituía, por tanto, un código acústico interiorizado por la comunidad educativa, una gramática del orden sonoro que sustituía a la palabra. Se han documentado variaciones regionales: mientras en algunos colegios, sobre todo los dirigidos por órdenes femeninas, predominaba el término chasca, en otros —como los de los Hermanos Maristas, las Escolapias o los Salesianos— se empleaba el de señal. Ambas denominaciones refieren, sin embargo, a un mismo objeto y a un mismo sistema disciplinario. En los testimonios orales de antiguas alumnas y alumnos, la palabra señal evoca tanto la obediencia como la memoria afectiva de un sonido que regulaba la vida cotidiana del internado. Por su función pedagógica, este instrumento se inscribe dentro de los instrumentos de orden escolar, junto con la campanilla, el gong o el timbre (véase CHASCA).
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