Es un baile tradicional documentado en diversas comarcas de Castilla y León, donde aparece estrechamente emparentado con las habas verdes y el rengue. Su carácter vivo se expresa en desplazamientos ágiles, giros breves y un ritmo que sostiene la participación colectiva. Aunque la dulzaina y el tamboril constituyen el acompañamiento habitual, numerosas versiones de campo destacan el papel de las castañuelas, empleadas por los propios danzantes para marcar el pulso y acentuar los quiebros característicos del baile.
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