El término designa, según las regiones y tradiciones, distintos idiófonos populares.
En el ámbito murciano se conoce como un trozo de caña rajado por un extremo, que se hace sonar especialmente en el ciclo navideño. El intérprete la sostiene por el centro, dejando la parte cascada en la parte superior, mientras golpea la inferior con la otra mano para producir un sonido seco y característico.
En Abarán, por ejemplo, formaba parte inseparable de las Misas de Gozo y de la Noche del Niño, donde grupos de jóvenes acompañaban los villancicos con cascañetas y zambombas, hasta el punto de que su sonido se convirtió en seña de identidad festiva. En Aragón el vocablo cascañetas se emplea como sinónimo de castañuelas y aparece con frecuencia en coplas populares, como aquella que pide “préstame tus cascañetas para salir a bailar, que las mías tienen letras y me las conocerán”.
En la lírica del Siglo de Oro también se documenta el término, como en un villancico recogido en Zaragoza en el que los pastores se presentan “truxendo sonajas y rabeles, con güenas cascañetas, hiziendo fiesta alegres”. En este sentido, el instrumento no se diferencia de las castañuelas comunes y conserva el mismo papel rítmico dentro de la música tradicional.
En el Campo de Gibraltar, por su parte, las cascañetas se emplean dentro del chacarrá flamenco. En este contexto consisten en dos cañas cascadas que, a modo de claves, se frotan enérgicamente entre sí produciendo un chasquido repetido y penetrante, encargado de marcar el compás del fandango junto con otros instrumentos tradicionales.
De este modo, el término cascañetas puede entenderse como un vocablo polisémico que abarca varias realidades organológicas.
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