viernes, 2 de octubre de 2026

BULLICUZCUZ, EL.

Baile enigmático del Siglo de Oro, del que apenas se conservan noticias literarias. Su nombre aparece en [Quevedo, 1699], donde figura en un cantar burlesco con la repetición jocosa de sílabas y onomatopeyas: “Zarabulli, ay bulli, bulli, de zarabulli, Bullí, cuz, cuz, De la Vera-Cruz…”, en el que el movimiento corporal, el zambullirse en la danza y la agitación alegre parecen evocados con desenfado. 

Asimismo, [Vélez de Guevara, 1641] lo incluye en la célebre relación de bailes que el diablo dice haber traído al mundo, junto a la zarabanda, la chacona y otras danzas festivas y desvergonzadas, lo que confirma su asociación con la esfera popular, jocosa y carnavalesca. [Cotarelo, 1911], vuelve a consignarlo como uno más de aquellos bailes del siglo XVII que, pese a la mención literaria, carecen de descripción coreográfica concreta.

No se conocen más detalles de su forma, compás o gestualidad, pero tanto por el juego sonoro de su nombre como por el contexto en que se cita, el bullicuzcuz debió de ser una danza movida, de ritmo vivo, marcada por el bullicio y la gracia popular, donde las castañuelas, inseparables de estos bailes, tendrían lugar natural en la animada sonoridad que sugiere. 







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